Durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente en el Reino Unido y Alemania, las bombas de estribo se integraron dentro de los sistemas de defensa civil, siendo empleadas tanto por bomberos, como por brigadas auxiliares, así como por la propia población.
Su uso resultó especialmente relevante frente a los incendios provocados por bombas incendiarias, ya que permitían una respuesta rápida y eficaz sin depender de redes de hidrantes; algo crítico en entornos urbanos sometidos a bombardeos.
Con este tipo de bombas se conseguía, por término medio, una distancia de 10 m y una altura de 6 m, con caudales que iban desde los 12 a los 20 lpm, dependiendo del modelo de bomba.